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Bienvenidos a mi espacio… Soy Natalia Yubero, apasionada del marketing digital y la cosmetología capilar y hoy, a todo eso, se suma mi historia hormonal, un proceso real, honesto y sin filtros que quiero compartir contigo.
Mi objetivo es darle voz al silencio de tantas mujeres que no estamos rotas, estamos en transición, en una etapa que merece ser contada con verdad y con fuerza.
…Lee mi historia y encuentra la tuya…
Soy mujer, esposa y madre de dos hermosas mujeres. La maternidad ha sido el regalo más noble y dulce que experimenté en mi vida. Ser madre me dio propósito, fuerza y una identidad femenina que siempre he llevado con orgullo. Pero también me dio una certeza brutal: incluso cuando amas tu vida, tu cuerpo puede romperse sin pedir permiso.
A los 35 años mi cuerpo empezó a fallar. No de golpe, sino en silencio. Se quebró por dentro mientras yo seguía trabajando, criando, sosteniendo. Nadie lo notó. Yo tampoco al principio. Solo sabía que algo estaba mal. Muy mal. Cambios que no entendía, síntomas que me asustaban, señales que los médicos ignoraban con un “son cosas hormonales, lleva una vida saludable”.
Y yo lo hice. Me cuidé como una soldado: dieta estricta, spinning, natación, meditación. Todo. Pero mi cuerpo seguía gritando. Y nadie escuchaba.
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Durante 5 años con noches sin dormir, reglas que me dejaban doblada, ansiedad que me golpeaba sin aviso. Cinco años sintiéndome sola, rara, incomprendida. Preguntaba a otras mujeres y veía sus caras vacías: nadie parecía vivir lo que yo vivía. Me sentía un extraterrestre. Una mujer fuera de su especie. Un cuerpo que ya no respondía a nada.
Y entonces llegó el golpe más duro: dejar Madrid y empezar de cero en Alemania. Nuevo país, nuevo idioma, nuevos médicos… y un cuerpo que ya no podía sostener el caos hormonal. La ansiedad se convirtió en ataques. El insomnio en tortura. Las reglas en dolor y sangre. Terminé ingresada por una displasia uterina y acabé en quirófano, donde desgastaron la pared de mi útero. Ese día entendí que mi cuerpo estaba diciendo basta. Que ya no podía seguir sola.
Aprendí a cuidarme, sí. Pero aprendí con miedo. Con dolor. Con una soledad que no se le desea a nadie.
Hoy sigo en tratamiento. Sigo reconstruyéndome. Sigo escuchando a un cuerpo que ya no permito que nadie minimice. Ya no mendigo salud hormonal: la trabajo, la estudio, la respeto.
Y por eso escribo esto. Porque esos años de vacío, de silencio, de sentirte rota sin estarlo… no deberían repetirse para ninguna mujer.
No estás sola. No estás rota. Estás en transición. Y tu cuerpo merece ser escuchado, acompañado y dignificado.
Por esto que ya sabes de mi, te animo a formar parte parte de una comunidad femenina donde juntamos voces y hablamos el mismo idioma para entendernos y sostenernos !